viernes, 5 de enero de 2018

La Noche en Plegaria

Hace un tiempo que se me presenta al corazón un pensamiento, sobre la Noche. Desde niña me ha llamado la atención, llamado la atención porque me ha cautivado. De pequeña nada era mejor que un cielo estrellado en una noche de verano: ya sea junto a la melodía del oleaje del mar o en la compañía de mamá en el jardín del hogar. Sin dudas, las charlas más profundas y significativas, aquellas grabadas a fuego en el corazón se dieron por la noche, quizás porque ésta les daba su tinte místico y romántico.
La noche no sólo oculta los detalles de lo creado, sino que realza su verdad más plena. Esconde en parte al árbol, en parte a la rosa, y en parte también al lago cristalino. Pero siempre en parte, totalmente jamás. Los animales se tranquilizan. La gran mayoría de los hombres duermen. El silencio se hace presente, sin embargo en la quietud algo se  insinúa. La noche reviste con un velo las cosas, pero sin difuminar por entero sus formas. Un pruno visto a la luz de la señora platinada es un magnífico espectáculo, que mucho muestra aunque no se muestre; agrada a los ojos. El manto diamantino que recubre al mundo ocultando revela al Misterio. O mejor dicho: callando, silenciando a las creaturas por mandato divino da lugar a que el Creador se exalte. Y dándose a conocer el Misterio muestra el fondo misterioso que reposa en cada hoja, en cada flor, en cada sombra, en cada estrella, en cada durmiente, en fin, en un mismo.
Por esto debe ser que la noche es tan amiga de poetas. Pone en diálogo al hombre con Dios, y ¿quién es el poeta verdadero, sino el entusiasmado? Es decir, el poseído por la Divinidad.  Por eso podemos decir con Bernárdez “dulce tarea es contemplarte, noche que me has acompañado desde niño”. Sin embargo, si la noche permite el diálogo auténtico, en su plenitud, es decir un espíritu orante que nos religa al Señor, es porque  es en sí misma una paradoja. El lenguaje del Misterio, su idioma, es paradojal. La razón es muy sencilla: el mismo Cristo es la Paradoja, el Dios-Hombre. La noche como su vestigio atenuando lo evidente de lo que aparece  manifiesta lo más íntimo de cada cosa, el corazón de lo creado.  Cubriendo lo visible descubre lo invisible. Con su silencio a viva voz ofrece un cántico de alabanza. Siendo oscura a muchos aterra, pero a otros (tal vez pocos , ¿quién sabe?) consuela y esperanza.
Con estas palabras no desprestigio ni al amanecer o atardecer, ambos bellísimos con su encanto propio, que en sinergia con la noche componen la musicalidad del cronosvuelto kairós. Sinfonía, tonalidades armónicas que componen el canto del día. Y no sólo canto, pues todo canto en una fiesta va acompañado de una danza. Pero ese será tema de otro escrito.  Sólo pretendo compartirles lo que brota del corazón, sabiendo lo que significa el corazón realmente,  aquel lugar donde María guardaba y meditaba todos los misterios de su Hijo Amado.
Volvamos a nuestra compañera. Es paradojal. Si bien ilumina siendo oscura, no negamos que sea oscura. San Juan de la Cruz le resalta ese atributo “La Noche Oscura”.  Dionisio al hablar de Dios lo nombra como Luminosa Tiniebla. Mi staretz habló una vez de que los Salmos son los secretos del corazón del Rey, lo que Jesús experimenta en su corazón en cada momento y en la Pasión: alegría y tristeza, gozo y dolor, debilidad y fortaleza, Humanidad y Divinidad, y podemos seguir. La vida del propio cristiano encierra este sentir, esta nostalgia por la que peregrinamos alegres en la Cruz. Todo esto y más me ha dado a pensar la noche. Pero lo que más me asombra, lo más bello de todo, es que la misma noche revela al propio Verbo.
Les comparto unas citas dónde la Palabra nombra a la Guardiana del Misterio:
“En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo unabuena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.” (Lc 2, 8-11)
 “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.” (Jn 20,1)
Fue de noche cuando el Niño Dios nació en el portal de Belén, fue una estrella la que indicó el camino tanto a los pastores como a los reyes. Y fue de noche cuando resucitó nuestro Señor Jesucristo realizando la Obra Redentora. Por eso dice el salmo 18:y las noches se van pasando la noticia. ¿Qué noticia? ¡La de su Nacimiento y su Resurrección!
Es la Escogida del Amado como signo de la Vida: de una Virgen nacería una vez que oscureció. Y la Vida verdadera que se manifestó cuando resucitó, no estando nadie en vela. Plegaria de la Noche, con su silencio proclamó al Misterio nuestro Dios, al Hijo hecho Hombre.

Portadora del Misterio
Oh Noche! guardiana del Misterio
percibo un susurro místico de lo eterno.
Despierta en el corazón del hombre el recuerdo
el Verbo que se revela en el silencio.
Palabras silenciosas y tranquilas
traen a la memoria lo olvidado,
pues el Creador por la noche es cantado
y uno entusiasmado está a oídas.
Mi espíritu es abstraído,
y atraído el pensamiento se vuelve a Ti.
¿Dónde estás? suena como eco en mí,
en el desierto nocturno soy conmovido.
El alma encantada por la melodía
que porta el cielo diamantino
se reencuentra en un momento reflexivo,
nostálgicamente llora por el día.
Pero siento en el rostro una brisa,
tu Soplo que da Vida y esperanza,
el Aliento que arenga y que levanta,
que Tú estás conmigo hasta el fin de los días.
Me pregunto una vez reconfortado
¿Te veré Señor tal cuál eres?
¿Llevaré tu nombre en la frente?
Y temeroso tiemblo ante el Pregonado
                                                                                        Juanita Carmina